Verás,
Es importante que leas este email si tienes clientes o pacientes con estreñimiento. Bueno, mejor dicho, es importante que leas este email si tienes clientes o pacientes.
Recibí en mi consulta hace ya unos años a una mujer de 43 años que sufría de estreñimiento y venía recomendada por una amiga, para que le pusiera las semillas de auriculoterapia.
¿Tienes tiempo? Le pregunté.
- Sí, lo tengo.
- Bien, pues quítate los calcetines, empezaremos por los pies.
Esto siempre causaba sorpresa y a mí me gusta sorprender.
Observé los pies,
en el izquierdo se podía distinguir una pequeña callosidad longitudinal, en el borde interno del calcáneo. También una piel agrietada en la parte central del pie, como un pantano afectado por la sequía.
No perdí detalle de la tensión muscular, el tono de la piel, la temperatura del pie o su olor.
Trabajé,
Mejor dicho, hice lo que sé hacer, porque para mí, hacer lo que me apasiona hacer no es trabajar.
Use un aceite de aguacate, hiperhidratante que había comprado en Frigiliana, un pueblo precioso de Málaga, la bella, la de mi abuelo.
Me esmeré en el trabajo intestinal y hablé con ella, ella habló conmigo y surgió una verborrea de la que pronto ella y sus historias fueron las protagonistas.
Pasaron minutos en ese estado, yo masajeaba y escuchaba.
Ella exponía todos sus pensamientos, emociones, como solo se puede hacer con un taxista al que no te importa contarle algo porque sabes que no lo vas a volver a ver.
Y así, hasta que terminé, le puse los calcetines, que había conservado cerca de la calefacción y estaban calentitos, como un último gesto de abrazo.
Al finalizar me dijo:
- Siento haberte soltado toda mi m*erda personal
- Tranquila, has venido a eso, solo que pensabas que lo haríamos a través de la oreja, te sentirás mejor en unos días.
Y así fue,
tres sesiones fueron suficientes para regular el tránsito intestinal, di una sesión cada tres días.
En esos momentos mi consulta ya era estable, tenía una buena clientela de muchos años, familias enteras acudían a mí y mis ingresos ya no podían crecer más porque no podía dividir en dos y no tengo cuatro manos.
Pero la reflexología siempre me recordaba lo potente que es para ayudar a la persona a liberarse de dolores profundos y mi forma de trabajarla me recordaba la importancia de la palabra.
Especialmente de la palabra guardada, esa que está enquistada en lo más profundo y que es tabú hasta para nosotros mismos.
Esa que a veces quiere salir a través de un estreñimiento, de un dolor de cabeza o de un cáncer.
Es por esto,
Que a día de hoy escribo un email diario, porque sé de la importancia que tiene la palabra, oída o escrita y quizás una parte de mí sigue de esta forma ayudando a cuerpos rotos, pies maltrechos y corazones tristes a sentirse mejor.
Marcando un camino de inspiración y crecimiento.
Si esto es lo que quieres.
Aquí tienes la oportunidad de ser reflexólogo.
La mejor oportunidad
Arriba, siempre arriba.
Sergio Miranda