¿Alguna vez te has preguntado cómo funcionan tus músculos cuando caminas, hablas o incluso escribes?
Aunque no lo veamos, cada movimiento que hacemos es una coreografía compleja de fibras musculares que trabajan juntas. En este artículo, vamos a desentrañar el misterio de cómo funciona un músculo de una manera sencilla y fácil de entender.
Tipos de músculos en el cuerpo
Músculos esqueléticos
Los músculos esqueléticos son los que probablemente te vienen a la mente cuando piensas en músculos.
Estos están unidos a nuestros huesos mediante tendones y nos permiten realizar movimientos voluntarios como caminar, correr, mover las extremidades o mantener la postura.
Un ejemplo clásico de músculos esqueléticos trabajando en pareja son el bíceps y el tríceps, que nos ayudan a doblar y extender el brazo.
Cuando el bíceps se contrae hace una acción agonista, esta a su vez es permitida gracias al tríceps que debe extenderse y hacer su acción antagonista.
Músculos lisos
Los músculos lisos se encargan de los movimientos involuntarios dentro de nuestro cuerpo.
Forman parte de los órganos de nuestro cuerpo y gracias a ellos los órganos puede realizar sus movimientos naturales.
Por ejemplo, el estómago, el esófago, intestino grueso, vejiga…
Estas fibras lisas trabajan sin que tú lo notes, ayudando a mover los alimentos a través de tu sistema digestivo, transportando sangre y permitiendo la contracción y expansión de la vejiga.
Músculo cardíaco
El músculo cardíaco, también conocido como miocardio, es el que mantiene a tu corazón latiendo de forma rítmica toda tu vida. Este músculo es único porque trabaja continuamente sin descanso, bombeando sangre a todo tu cuerpo.
¿De qué está hecho un músculo?
Fascículos y fibras musculares
Cada músculo está compuesto por fascículos, que son grupos de muchas fibras alargadas. Estas fibras son estructuras individuales que componen el músculo, y dentro de cada una hay estructuras más pequeñas llamadas miofibrillas.
Miofibrillas y sarcómeros
Las miofibrillas, a su vez, están divididas en unidades aún más pequeñas llamadas sarcómeros. Los sarcómeros son esenciales porque son las unidades básicas que permiten el movimiento muscular. Dentro de los sarcómeros encontramos dos tipos de filamentos: miosina y actina.
El proceso de contracción muscular
Actina y miosina
Los filamentos de miosina y actina juegan un papel crucial en la contracción muscular. Cuando la miosina se une a la actina, la arrastra hacia sí, haciendo que los sarcómeros se acorten y, por lo tanto, que el músculo se contraiga.
El papel del ATP
Para que esta contracción ocurra, se necesita energía, la cual proviene de una molécula llamada ATP (adenosina trifosfato). El ATP mantiene a la miosina «bloqueada» hasta que se rompe, liberando la miosina para que pueda unirse a la actina y provocar la contracción.
Troponina, tropomiosina y calcio
Dos proteínas más, la troponina y la tropomiosina, también son esenciales en este proceso. La tropomiosina cubre los puntos de unión en la actina, impidiendo que la miosina se una.
Cuando el calcio entra en la célula muscular, se une a la troponina, que cambia de forma y desplaza a la tropomiosina, dejando libres los puntos de unión para que la miosina pueda hacer su trabajo.
¿Qué activa la contracción muscular?
La mayoría de las fibras musculares están conectadas a una neurona en lo que se llama la unión neuromuscular.
Cuando tu cerebro envía la señal de moverse, esta señal viaja por la neurona hasta la unión neuromuscular, donde se desencadena una entrada masiva de calcio en la célula muscular, iniciando la contracción.
Cada vez que te mueves, hablas o respiras, tus músculos están trabajando en una danza increíblemente coordinada. Aunque no lo veas, dentro de tu cuerpo hay un mundo fascinante de fibras y proteínas que hacen posible cada uno de tus movimientos.